LA 56 MUESTRA (1): FÓRMULAS

Ahora la excesivamente burocrática administración nueva de la Cineteca Nacional, en un supuesto intento de cubrir la oferta cinematográfica de todo el año (excusa francamente risible, puesto a que únicamente hay una película del 2014, dos del 2012 y una del 2011 (!)), vuelve a hacer dos Muestras por año, una en primavera y una en invierno. Voy a dejar los reproches, las frustraciones, quejas e insultos para el resumen, porque son muchos. Así que ahorita nadamás voy a intentar a hablar de las películas.

Comenzó una vez más la muestra, con una inteligente y muy predecible decisión, abrirla con la nueva película de Wes Anderson, porque ese cabrón jala modernillos cual Corona Capital.

 

concierge

“The Grand Budapest Hotel”

(El Gran Hotel Budapest)

(dir. Wes Anderson, Estados Unidos, 2014)

No muchos directores tienen un estilo tan marcado y propio como el que puede presumir Wes Anderson. Un estilo que pulió durante 7 cintas haciéndole mejoras y cambios mínimos en cada una de ellas. Lento pero seguro. Dejó atrás la característica música popular y a los Rolling Stones en Moonrise Kingdom (donde realmente la extrañé), por un soundtrack original de música clasicona compuesta por Alexandre Desplat. Llevó su humor único y vivaz a bosques y paisajes inexplorados. Puso por primera vez una historia de amor entre dos entrañables niñitos al frente de su narrativa. También en Moonrise Kingdom mostró señas de agotamiento, de que Wes Anderson estaba llegando al límite creativo que había impuesto con su propio estilo. Había llevado los colores pastel y las composiciones perfectamente simétricas a casi todos los rincones a donde las pudo haber llevado. O al menos eso creímos. La fórmula perfecta Andersoniana quizás había llegado a su ineludible final. En el Gran Hotel Budapest tampoco se escucha jamás a Mick Jagger o a Roger Daltrey, se usan un chingo de colores casi-kitsch en absolutamente todos los momentos de la película, y todas, toditas y cada una de las composiciones están minuciosamente revisadas en cualquier aspecto posible, muy notoriamente en el impecable siempre-vistoso vestuario. Sin embargo, es un Anderson revitalizado.

Por primera vez en más de 15 años de carrera se ve una película de Wes Anderson que quiere hablar de algo mucho más profundo que sus personajes. Anderson sobrevuela la vieja Europa y su ineludible decadencia y, sin restarles seriedad, las transforma en un imponente y bello edificio que toma como nombre The Grand Budapest Hotel y en el que es probablemente el mejor personaje que ha escrito desde el jovenazo Max Fischer (Rushmore), Monsieur Gustave, encarnado a la perfección por Ralph Fiennes; el elegantísimo, oloroso y súmamente afeminado conserje del hotel Grand Budapest, a cuyos pies cae rendida toda fémina representante del caduco universo, o Europa, a la que él pertenece.

La película cuenta la historia de un Lobby Boy que se convierte en el ayudante, cómplice y eventualmente hermano de Monsieur Gustave, cuya relación íntima con una de las decrépitas clientas lo lleva a una serie de cagadísimas situaciones y exploraciones humorísticas nuevas para el universo Andersoniano, como lo son el humor sexual y algunas situaciones violentas por ahí inmiscuidas. Un ensamble de actores maravilloso y siempre atinado (Brody, Dafoe brillantes), como no se había visto quizás desde sus Royal Tenenbaums le da vida al hotel y a todas las mamadas que ocurren en su interior.

Wes Anderson hizo aqui, sin duda, una de las mejores películas que ha filmado en toda su carrera, que no es más que una gran anécdota a voces, como la Historia misma, contada en 4 o millones de tiempos narrativos. Anderson ha logrado algo inesperado a través de un cine cuyas limitaciones creíamos haber presenciado. Un aplauso porque el director con una de las fórmulas más conocidas en el cine norteamericano reciente, le ha añadido nuevos ingredientes, resultando en explosivos y satisfactorios resultados.

 

¿cuántas estrellitas?: ★★ 🙂

*C. C. Recomienda

polisse

“Polisse”

(Polissía)

(dir. Maïwenn, Francia, 2011)

Los actores vueltos directores, ay que casos. Claro, hay excepciones (Mati Diop, Xavier Dolan), pero en su mayoría, aquí (gaelito y dieguito) y en donde pinches sea, hacen películas terribles cuya unica función es gastar un chingo de dinero para luego recuperarlo (ésto último no siempre lo logran) y quitarle el espacio en un festival grande a una película que quizás lo necesitaba más, o simplemente era mucho mejor.

Tal es el caso de Maïwenn Le Blanco, una dientona y esvelta actriz que según mis investigaciones en la wikipedia, tuvo un hijo -a los 16- con un pedestre director que ha aportado bastante a la decadencia del cine francés, Luc Besson, con quien se casó y blablablá. El caso es que después de ser actriz en varias y diversas películas francesas menores por no usar adjetivos más fuertes, decidió entrarle a la dirigida.

En 2011 estrenó su “Polisse” (imagino que el título es una especie de Biutiful-Pursuit of Happyness), en el Festival de Cannes, donde inexplicablemente ganó el Premio del Jurado. Acá a México llega con 3 añitos de retraso, cortesía de la Cineteca y sus grandísimas e hiper-actualizadas Muestras Internacionales.

Polisse es una versión extendida de un episodio de CSI, en francés y con música moderna (incluido el éxito hipster Baby I’m Yours de Breakbot en una secuencia bastante innecesaria, como se podría decir del 50% del contenido total de escenas en este bodrio), es una mezcla al ahí-se-va de algun pedestre drama policial y algún otro dramita juvenil a-la-Laurent-Cantet con una pizca de tu típica película “di arte”, con el finalito “ambiguo” e “inesperado” incluido. Llena de obviedades que incluyen al policía negro conmoviéndose por una madre soltera africana y a la policía árabe gritándole cual desquiciada a un hombre del medio-oriente por no respetar a las mujeres, es una película repleta de gritos, de gente sobreactuando, dura 127 minutos que están plagados de cualquier momento o situación dramática que a la directora se le pudo haber ocurrido, hasta el romance por allí metido que nunca falla. Un relato hiperactivo. Una pelicula que sigue el modelo más pobre del cine internacional. No arriesga nada, no pierde nada, pero sabe que contándote una historia intensa y emotiva con una cámara siempre en mano te tiene bien metido en el bolsillo.

 

 

¿cuántas estrellitas?: ★ 😦

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