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VOCES SIN GARGANTA. EL FUTURO DE LUIS LOPEZ CARRASCO Y DE ESPAÑA Y DE EUROPA Y DEL CINE POLÍTICO

Ningún cineasta debe sentirse ajeno a la hermosa labor de modernización, de progreso y de solidaridad que hemos de realizar entre todos.

1982. España. Gana el partido socialista encabezado por Felipe González. De la dictadura a la democracia de un día para el otro. ¿40 años de fascismo se pueden olvidar con unas elecciones?. Los años ochenta, la música new wave y una fiesta. Mujeres enseñando los senos y bailando. MDMA y SIDA. De repente, la desintegración fílmica. Y todo, es El futuro que se aproxima tan rápidamente que destruye lo que encuentra a su paso. Una fiesta tan interminable que cuando se hace de día han pasado 30 años. Ahora, ha llegado la crisis del 2011 en España y en la Unión Europea. Se terminó el rollo, se perforó la cinta, llegó el futuro, quedó el vacío.

¿Qué, es como Tren de Sombras? Hay un fotograma cerca del final que parecería rendir homenaje a aquella, pero no, preocuparse por el cine como hace el Sr. Guerín en dicha obra maestra está bien, pero ésto es otra cosa, es el 2013, es una película tan urgente como necesaria y también, bella. El futuro sólo habla de una fiesta, pero las fiestas, son estimulantes y deprimentes, decadentes y eufóricas, quizás las únicas situaciones tan ambivalentes como pensar en el futuro de uno.


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Luis López Carrasco es un español nacido en 1981, que junto a otros dos gachus fundó el colectivo de cine radical Los Hijos (Los Materiales/Árboles). Parece ser muy amigo de Ion de Sosa (el autor de la bienlograda “True Love” (2011)), pues éste realiza la elocuente y eficaz fotografía de la nueva película de Luis: El Futuro, que estrena en la sección Signs of Life del Festival del film Locarno en su edición 2013

El futuro comienza con un plano de un sillón y una cerveza en la mesa. Después de varios bonitos planos de espacios vacíos en el departamento (similares a los que usa el fotógrafo en su propia película) vemos al primer personaje, un hombre joven de rostro indiferente y desaliñado que escucha música punk castellana. Seguida viene la fiesta, que ocupará la totalidad de la película venidera con la excepción de una magistral secuencia de fotografías que aparece cerca de la mitad del filme.

De vez en cuando, entre toda la basura que se ve por aqui y por allá en el cine contemporáneo, a ratos, hay ciertas joyas o ciertos autores que retoman quizás la forma más estimulante de hacer películas; ya sea Nicolás Pereda hablando sobre la violencia (Verano de Goliat), Matías Piñeiro adaptando a Shakespeare, o Raya Martin en una cinta sobre el mito de teletransportación colonial (Buenas Noches España): La decisión de elegir un acercamiento formal específico y radical para el discurso, expresión, investigación, lo que sea, el fondo que se quiere tratar. Explorar la noción de que cada cinta, relato, “cosa”, debe tener su propio lenguaje, tratamiento y técnicas. Nicolás confundió falsas y reales entrevistas con interacciones genuinas, escenas puramente ficcionales seguidas de ensayos de las mismas para a su manera acercarse e intentar entender la violencia en el país y de paso hablar sobre el cine, ¿y qué sería la primicia de Verano de Goliat bajo las manos de cualquier otro director? Una aburrida cinta más que pretende hablar de cuestiones sociales cuyo autor no entiende del todo. ¿Qué sería Buenas Noches España de Raya Martin sin los jumpcuts, la gama monocromática de colores y los ruidos de caricatura de los años 50? o para tal caso, ¿cualquier cinta de Raya Martin? ¿Y El Futuro, que sería si no estuviera en manos de Luis López Carrasco? la crisis la conocemos, la idea de que la crisis europea actual tiene sus orígenes en el pasado es interesante en papel, pero lo que hace realmente radical a esta y tantas otras películas admirables del nuevo siglo es el tratamiento formal, la lectura de una imagen y a partir de ella la tesis. El hecho de que la película se aleje y desmarque de la obviedad tan violentamente; vía vehículos tan diversos como que el espacio esté limitado a una fiesta, una fiesta que en este contexto dice más acerca de la España y Europa modernas que cualquier ensayo u obra de caracter informativo o de denuncia. Decenas de canciones ochenteras desconocidas que sin subrayar ni tirarse a la nostalgia hablan más de una época y su vacío que cualquier estudio. Vacío explorado más febrilmente vía la perforación del celuloide. Vacío generacional, heredado, y también cinematográfico. Radicalismo por la admirable decisión de no incluir ni un sólo diálogo entendible, y finalmente, a que Luis decidió destruir la película en un acto heroico, tanto para el cine como para España. Un cine políticamente incorrecto sin precedente alguno, agresivo y transgresor, que funcionaría muy bien en conjunto con Redemption de Miguel Gomes, como las denuncias más artisticamente innovadoras que han venido en un buen rato.

Seguir viendo películas como El futuro, Historia de la meva mort, las de Cavestany, Sergio Caballero, J. M. de Orbe y decenas de cineastas españoles de la nueva década hacen reflexionar profundamente cómo las crisis tanto económicas como de identidad social pueden despertar la creatividad más deslumbrante en un grupo de personas, en este caso un grupo de cadáveres frescos que calman su hambre creando el arte más emocionante, estimulante y políticamente incorrecto de la región ibérica de Europa.


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ALUMNO ESTRELLA

las lagrimas

“Las Lágrimas”

(dir. Pablo Delgado Sánchez, 2012)

Los textos individuales han vuelto al blog. Y qué mejor que traerlos de vuelta con una película mexicana de la que escribí antes, específicamente cuando hablé sobre el 33 Foro Internacional de la Cineteca. Ahora se estrenó por fín en salas de la Cineteca Nacional. Y es LA película mexicana de la temporada. (creo que Heli ya la retiraron de casi todas las salas). Es una película de tesis para el Centro de Capacitación Cinematográfica realizada por un veracruzano que se llama Pablo Delgado Sánchez, y es él, al que considero, basándome en su ópera prima, la mejor promesa mexicana jóven del año.

La película se llama “Las Lágrimas”, es un bonito título, quizás un poco tradicionalista, pero que cuando se toma en relación con el contexto, más específicamente con la oración que recita Gabriel, uno de los personajes (interpretado por Gabriel Santoyo), hacia el final de la película, toma un sentido especial, que va mucho más allá de cualquier cliché del típico drama que se podría titular de esta manera.

El drama minimalista es una cosa explorada de diversas formas en el cine mexicano reciente, y en lo personal, a diferencia de numerosos críticos-dinosaurios profesionales que van por los festivales de cine destruyendo éstas películas, es mi “corriente” favorita. El minimalismo tiene un cierto poder que jamás se agota, y aquí en México bien ha sido demostrado por gente como Nicolás Pereda o Yulene Olaizola. Ahora le toca a gente aún más joven y el más destacado de ellos es Delgado Sánchez. Dentro de sus influencias, según investigué, se encuentra principalmente la realizadora estadounidense Kelly Reichardt, que hace también dramas de corte contemplativo. Las Lágrimas toma en efecto algunos elementos de las historias mínimas contadas por Reichardt, pero no sólo eso, podemos encontrar una fotografía (en hermosos 16mm, por Juan Pablo Ramírez) simple pero encantadora, que recuerda a veces a la fotografía usada por Albert Serra en su ópera prima, y Las Lágrimas, en general, recuerda mucho a la hermosa película chilena -también en cartelera- “De Jueves a Domingo”, cinta que Pablo ha colocado también entre sus favoritas en alguna entrevista youtubera.

Pero a pesar de recordarnos y reemitirnos a diversas películas de diferentes latitudes y estilos, Las Lágrimas es quizá una película única, al menos en su elección de forma para tratar un tema como el drama familiar-separación. Y yo no he visto semejante honestidad ni emoción en una cinta de eso, desde la obra maestra de Noah Baumbach.

Las lágrimas va de dos hermanos que sufren una separación parental, y en un aburrido día, deciden irse de campamento. Contarles la historia está por de más. Les contaré las virtudes. El director nos muestra un perfecto dominio del lenguaje cinematográfico, dirigiendo actores eficazmente, los cuales tienen una química impresionante hasta fuera de la pantalla, concentrándose poco en los aspectos plásticos de la película (que incluso así resultan fascinantes) y más en el dinamismo de su lenguaje, logrando que la primera parte, en contraste con la segunda, sea bastante pausada, trasladándonos al tedio cotidiano en la vida de Gabriel. Lo hace con maestría. Es una ópera prima que dificilmente parecería un ejercicio escolar, son 66 minutos cargados de emoción, pureza y honestidad. Sobre todo ésto último, y es lo que más se le agradece a Delgado Sánchez, que en medio de tantas pretensiones que existen en gran parte del cine contemporáneo llegue alguien que se muestre ávido de contarnos sus pequeñas historias, en la forma en la que a él le parece pertinente usar.

Así que ahí está, estimado lector. No vaya usted a ver el bodrio nuevo de Arturo Ripstein, que bien lo describió un camarada como “una canción de Arjona hecha película”. Pablo Delgado bien le sufrió para que le distribuyeran sus 66 hermosos minutos, y ahora que la Cineteca Nacional lo hizo, haga de su parte y no se la pierda.

¿cuántas estrelliiiiiitas?: ★½

*C.C. recomienda, ampliamente

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